Existen diversas manifestaciones dentro de los trastornos de ansiedad. La característica común a todas ellas es la presencia de un elevado nivel de malestar caracterizado por sintomatología física variable del tipo sudoración, palpitaciones, sensación de ahogo, sensación de mareo, etc., al pensar o exponerse a un estímulo o situación que el paciente teme o considera peligroso. Este estímulo o situación temida provoca una intensa sensación de ansiedad por lo que tiende a ser evitada por la persona siempre que tiene ocasión. De este modo, lejos de afrontar la situación, lo que provoca es un incremento del miedo que cada vez hace más complicado su afrontamiento. Algunas de las consecuencias más frecuentes son: una alteración del estado del ánimo, la sensación de dependencia e incapacidad, la falta de concentración y la disminución del rendimiento. Es el grupo de trastornos que más bajas laborales ocasiona en todo el mundo.
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El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) pertenece al grupo de los trastornos de ansiedad, pero por sus características especiales merece una mención a parte. Habitualmente se compone de:
• Obsesiones: son ideas, pensamientos, imágenes o impulsos recurrentes de tipo egodistónico, es decir, que aparecen en contra de la voluntad del paciente y que provocan un intenso nivel de ansiedad. Son vivenciados como intrusivos, como pensamientos que invaden la conciencia y calificados como repugnantes o absurdos. El paciente lucha por eliminarlos, ignorarlos o suprimirlos, generalmente sin conseguirlo.
• Compulsiones: son conductas repetitivas, ritualizadas, que se realizan siguiendo un estricto patrón y unas determinadas reglas. La conducta no constituye un fin en sí misma, sino que está diseñada para provocar o evitar algún acontecimiento o situación futura significativa para el paciente. La conducta ritual se realiza con una sensación de compulsión subjetiva (no se puede evitar) junto con un deseo de resistir a la compulsión, por lo menos inicialmente. En general, el paciente reconoce la falta de sentido de la conducta pero manifiesta no poder evitarla, pues aunque no le provoca placer, sí tiene la función de reducir significativamente, al menos de forma temporal, su nivel de ansiedad.
Las personas que sufren este tipo de trastorno, son plenamente conscientes de ello, vivenciándolo con gran malestar. A veces, puede estar asociado a un sentimiento de culpa o de vergüenza. Las obsesiones y las compulsiones interfieren significativamente en su funcionamiento personal y social.
La depresión es un trastorno de tipo emocional que se caracteriza por un estado de abatimiento e infelicidad que puede ser transitorio o permanente. En terminología psiquiátrica se describe como un síndrome o conjunto de síntomas que afectan principalmente al área afectiva. Las personas que la padecen suelen presentar algunos de los siguientes síntomas: - sentimiento constante de tristeza o vacío. - disminución del interés por llevar a cabo actividades cotidianas (ocio y/o trabajo) - decaimiento - irritabilidad - aumento o disminución del apetito - insomnio o somnolencia - pérdida de energía - sentimiento de culpa - disminución de la capacidad de concentración - dificultad para tomar decisiones. La persona con depresión puede no sentir tristeza, pero sí experimentar pérdida de interés e incapacidad para disfrutar de las actividades lúdicas habituales, así como una vivencia poco motivadora y más lenta del transcurso del tiempo. La depresión puede tener importantes consecuencias sociales y personales, desde la incapacidad laboral hasta el suicidio.